martes, 17 de julio de 2012

Brazo robótico, esperanza de libertad para un cuerpo inerte.


Cathy Hutchinson, una paciente tetrapléjica que lleva más de quince años con los brazos y las piernas paralizadas, pudo mover un brazo robótico, a través del pensamiento, y beber café desde una botella. Leigh Hochberg, neuroingeniero de la Universidad de Brown (EE UU) y coautor de esta investigación, asegura que “el cerebro está compuesto por millones de neuronas que, al comunicarse, producen pensamientos y generan impulsos eléctricos. Cuando los electrodos detectan estas señales, se transmiten por cable a un ordenador, que las traduce en órdenes para un dispositivo electrónico. En el futuro nos gustaría que el sistema fuera inalámbrico, así como trabajar con un ordenador más pequeño y portátil, tal vez del tamaño de un smartphone”.
Investigadores de distintos países trabajan en métodos para que las ondas cerebrales muevan un brazo robótico, como en el caso de Hutchinson; dirijan esas órdenes a una sofisticada silla de ruedas o a un esqueleto mecánico que sostenga el inerte cuerpo de una persona con lesión medular. Esos impulsos cerebrales se trasladarían a los propios músculos para ejecutar los movimientos por los que una persona con lesión medular o parálisis cerebral podría moverse con sólo pensar en ello.